
El comunicador ya había sido víctima de un atentado en su contra en el 2017
El periodista y trabajador de Petróleos Mexicanos (Pemex), Alan García Zúñiga, fue secuestrado la mañana del miércoles 22 de enero de 2025 en la ciudad de Poza Rica, Veracruz, una de las regiones más peligrosas para ejercer el periodismo en México.
De acuerdo con información de medios locales, García Zúñiga fue interceptado por un grupo de hombres armados cuando regresaba a su vivienda tras culminar su turno como camillero en el hospital de Pemex del municipio.
El periodista llegó a su domicilio, ubicado en la calle Cuauhtémoc y Nicolás Bravo de la colonia Guadalupe Victoria, a bordo de una motocicleta. En ese momento, sujetos armados lo obligaron a subirse a una camioneta gris, marca Honda, en la que huyeron rápidamente. Autoridades locales implementaron un operativo Código Rojo para intentar localizarlo, pero hasta el momento no se tienen noticias de su paradero.
Alan García Zúñiga cuenta con una trayectoria en medios de comunicación como los periódicos Noreste y El Dictamen, donde abordó temas de seguridad y sociedad. Actualmente, colabora en el portal Resistencia Veracruzana, en la que difundía denuncias de abusos policiales y hechos relacionados con seguridad pública. Además, realiza una videocolumna semanal llamada “Firmo y Afirmo”, que comparte en sus redes sociales y donde también aborda temáticas de seguridad y sociedad.
En redes sociales, se identificaba como periodista y activista, y había recibido reconocimiento por su trabajo en la región.
En marzo de 2017, Alan García fue víctima de un ataque armado en el que recibió un disparo en el hombro. Este atentado ocurrió mientras trabajaba como periodista, lo que lo llevó a ser incorporado al Mecanismo Federal de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, un programa gubernamental de la Secretaría de Gobernación diseñado para salvaguardar a comunicadores en riesgo. Sin embargo, pese a estas medidas, García Zúñiga continuó recibiendo amenazas relacionadas con su trabajo.
El secuestro del comunicador ha vuelto a poner en evidencia las limitaciones del mecanismo de protección. Diversas organizaciones han señalado que este caso subraya la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención y reacción ante agresiones contra periodistas.