
Localizaron restos calcinados, cientos de pares de zapatos y ropa que presuntamente perteneció a personas que ahora están desaparecidas
Como si fuera una película de terror, estas fueron las imágenes que experimentó el grupo Guerreros Buscadores de Jalisco en Izaguirre Ranch, una propiedad que funcionaba como campo de formación del Cártel Jalisco Nueva Generación y donde se encontraron tres crematorios ilegales de tipo fosa donde se encontraron cientos de huesos calcinados inhumados, cuya manera de inhumarlos fue considerada como inédita por la Fiscalía. Además, encontraron pedazos de pares de zapatos y vestimenta de individuos que posiblemente llegaron ahí con ilusiones engañosas de un empleo.
Según un informe anónimo, los miembros del grupo llegaron a ese lugar a través de un camino de terracería a poca distancia de la localidad de La Estanzuela, en el municipio de Teuchitlán, a 56 kilómetros de la Zona Metropolitana de Guadalajara.
El informante consiguió abandonar ese sitio y comunicó que había restos inhumados, que todos aquellos que llegaban, se acomodaban en una gran habitación para después ser adiestrados para llevar a cabo diversas tareas características de los sicarios.
En la habitación mencionada, los integrantes del grupo encontraron numerosos pares de zapatos de diversas clases, principalmente tenis que parecían haber sido utilizados en el entrenamiento. Además, se encontraban ropa íntima, pantalones, camisas, chaqueta, tanto para hombres como para mujeres, además de maletas, mochilas y carteras. Esto facilitará a los familiares de personas desaparecidas determinar si sus seres queridos estaban presentes.
Ese colectivo, junto con las Madres Buscadoras de Jalisco, mostraron una amplia variedad de ropa a través de sus redes sociales, con el objetivo de divulgar lo hallado.
El 24 de septiembre de 2023, efectivos de la guardia nacional intervenieron y liberaron a un individuo, y otras dos personas fueron arrestadas.
Después, el equipo del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses llevó a cabo una revisión con maquinaria pesada, con el objetivo de descartar la existencia de vestigios humanos. En esa época también se utilizó el georadar, que permite identificar la tierra removida y así identificar fosas clandestinas. No obstante, este método no resultó efectivo y no registró un resultado positivo en la remoción de tierra.
Fue hasta que los buscadores llegaron que se llevó a cabo una nueva indagación. Las herramientas que utilizan los Guerreros Buscadores se sumergían con facilidad, lo que demostró que existían fosas.
Al iniciar la excavación, hallaron piezas dentales y fragmentos óseos pequeños ya calcinados. Se requirió cernir la tierra para obtener los fragmentos equivalentes a individuos.
“Aquí se encontraba una finca de entrenamiento.” En el lugar donde se abre (la tierra), se ubican estos crematorios. Desafortunadamente, es así como nos estamos identificando aquí. Esta circunstancia es muy delicada, aparentaba que iban a formar pozos, quemaban y luego se tapaban de nuevo. “Es una pena observar todo esto”, expresó Indira Navarro, la líder de ese grupo de buscadores.
“Hay mucho hueso calcinado”, indicó con confianza, otra mujer en la búsqueda, mientras extraía huesos, en el transcurso de la difusión del grupo en sus redes sociales.